Camino de Santidad
MADRE MARÍA DE SAN JOSÉ

Por: Lic. Víctor M. Pérez M.

 

El camino hacia la santidad se inicia en la actividad diaria del cristiano, siendo testigos del evangelio no solo con la palabra sino con las obras. La santidad «se expresa de múltiples modos en todos aquellos que, con edificación de los demás, se acercan en su propia vida a la cumbre de la caridad»

En estas líneas pretendemos dar algunas pinceladas del camino recorrido por la Madre María de San José. Vida y obra de una venezolana modelo. Santificación que estuvo guiada por la busqueda del amor a Dios, amando al prójimo. Camino humano y espiritual que ella misma expresa: «Quiero que mi vida se deslice entre el calvario y el altar» .

Sus primeros años

La Madre María de San José nació el 25 de abril de 1875, en la ciudad de Choroní, municipio del Distrito Girardot, en el Estado Aragua, en aquella época conocido como «Estado Guzmán Blanco».
Recibe el nombre de Laura.

En relación a su segundo nombre hay investigadores que la señalan como Laura Elena, versión recogida por la Hermana Agueda Lourdez Sánches, sucesora de la Madre María en el generalato de la Congregación. Con este nombre se redactó la «Informatio» presentada a la Congregación para la Causa de los Santos en la Santa Sede.
Otros investigadores hacen mención a Laura Evangelista. Era costumbre asignarle a los niños el nombre del santo que se celebraba en el día de su nacimiento. Laura nació en la fiesta de San Marcos el Evangelista y en la copia de la partida de bautizo que se encuentra en los archivos de la congregación dice textualmente:
«En la Iglesia parroquial de Choroní, a trece de octubre de mil ochocientos setentaicinco, yo, el infrascripto Cura párroco, bauticé solemnemente a una párvula que nació el 25 de abril del presente año, a quien puse por nombre Laura Evangelista»

Independientemente de quien tenga la razón, nació en Venezuela, en una de las épocas más díficiles para la Iglesia Catolica en el país, la primera beata de Venezuela.
Haciendo mención a su bautizo, sacramento de la iniciación cristiana y fecha que recordaría siempre con gran reverencia, escribió en una oportunidad:

«¡Hoy hace cincuenta años que fui admitida como hija de la santa Iglesia! Cincuenta años. ¡Qué felicidad! Ser hija de Dios por el bautismo y hermana de Jesucristo; hoy, como siempre, hice mi renovación de las promesas y mi retiro»

Este amor a Dios y a la Iglesia Católica fue el fruto de un hogar que siempre estuvo preocupado por su formación. Don Clemente Alvarado y Margarita Alvarado Cardozo, padres de Laura, le brindaron todo aquello que su hija primogénita necesitaba. Aunque su padre no simpatizaba con la doctrina de la Iglesia Católica, respetaba escrupulosamente, la manera de pensar de su esposa e hija.
Debido a la condición no practicante de Don Clemente, y también a la no existencia del matrimonio civil, los padres de Laura no habían contraído matrimonio. Después de Laura, nacerían Octaviano, Clemencia, Panchita (quien muere a los pocos meses de nacida). También estaba con ellos Simón Colmenares, fruto de los años juveniles de Don Clemente.

Estudios

La familia Alvarado Cardozo se traslada a Maracay. Laura tiene tres años. Inicia, en el seno de su familia, la contemplación del Santo Rosario, el estudio de las oraciones y los principios de la doctrina cristiana.
Llegada la edad propicia para iniciar los estudios escolares, acude al colegio de Doña Rafaela Blanco. Era estimada por los profesores y las alumnas. Ella guardó un grato recuerdo de aquellos años:

«Del tiempo de la escuela, repaso todo en un momento, pues esos felices días los tengo muy presentes y los veo limpios de pecado desde mis cinco años hasta los diecisiete, que fue en setiembre del 91, en que fue mi último examen; no tengo nada que tacharme, porque ni los lugares que conocían las demás niñas los conocí»

Primera comunión

Laura estaba preparada para hacer la Primera Comunión desde hacía tiempo, pero las leyes eclesiásticas de la época establecían que la edad mínima eran doce años. Recibe la sagrada eucaristía el 8 de diciembre de 1888. Este día es otro que siempre recordará con especial afecto, especialmente por el gran amor que tenía a la Eucaristía.
Es oportuno aclarar que ese día no realizó el voto de virginidad. En este punto la «Positio Super Virtutivus», documento que contiene las investigaciones del proceso de canonización, señala:

«Muchos testigos han señalado que el voto de virginidad perpetua lo hace la Madre María a la edad de 13 años, hay quienes afirman que fue el día que hizo su Primera Comunión, contra lo que afirma expresamente la sierva de Dios, «hice mi voto perpetuo de virginidad, cuando tenía mis 17 años». La explicación de esta confusión es aclarada de la siguiente forma: «Dado que ninguno de los testigos que declaran sobre este hecho es testigo presencial del mismo, sino que declaran sobre lo que han oído a la propia sierva de Dios, la confusión les vino a los testigos del hecho de haber oído a la sierva de Dios que hizo su voto de virginidad 'el mismo día en que hizo su primera comunión', es decir, el día de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre), pero no cayeron en la cuenta de que la sierva de Dios no hablaba del mismo día 'del mismo año'. Era cierto, pues, que hizo su voto de virginidad el mismo día de la primera comunión, pero no del mismo año. Esta confusión se mantendría en la comunidad, porque todos los años hacía su retiro de varios días en los días anteriores al 8 de diciembre, y con toda seguridad les diría a las hermanas que hacía su retiro para celebrar ambos acontecimientos, con lo que las hermanas pudieron pensar que hizo ambas cosas el mismo día del mismo año»

Apostolado y primeras pruebas

El Padre Vicente López Aveledo es destinado a la ciudad de Maracay. Conoce a Laura y la invita a participar en las actividades parroquiales. Ella le manifiesta la inquietud de ingresar en un convento de clausura en el exterior. El padre López le recomienda que medite la decisión.
El 3 de noviembre de 1893 ,el Padre Vicente López Aveledo, funda el Hospital «San José», primero de Maracay . Laura ingresa al grupo de las «Samaritanas», con la finalidad de entregarse por completo a las actividades del naciente instituto.
A cargo de este grupo estaba la Sra. Antonia del Castillo («Misia Antonia»), quien representó una de las pruebas más duras para Laura. Ella comentaba la experiencia vivida, refiriendose a sí misma años después:
«Conocí una niña, que por la infinita bondad de Dios y no fijándose en sus grandes pecados, le inspiró el deseo de servir a Dios. Visitaba un Hospital con la mayor frecuencia, y a pesar de la contrariedad de sus padres, casi llegó a vivir en él.
Entonces, el Señor le deparó una venerable señora, Ecónoma de dicho Hospicio, y entonces, empezó para aquella feliz niña, el sufrimiento, el llanto y la más terrible lucha, con un martirio continuado, y llegó a ser víctima de la más cruel, de la más negra, de la más vergonzosa calumnia.
A tanto llegó su doloroso estado, que para pisar los umbrales de aquella amada casa, se detenía por instantes, vacilaba ante la atroz lucha que se tenía que reanudar, y luego entraba a la Capilla (teatro de sus torturas) donde era llevada y examinada, permíteseme decir aquella víctima inocente, y al pié de María lloraba y pedía las fuerzas necesarias para seguir la lucha y para entenderse con aquélla que era el instrumento de su martirio y a quien amó con toda el alma.
Y aquella niña, ¿estaba acaso obligada a sufrir en silencio, tan cruda guerra? Tenía algún deber para con aquélla, para soportar todo esto sin decirlo? No podía manifestarle su estado y la verdad de la cosas a su confesor? ¿No tenía acaso sus padres con quienes vivía y a quienes estaba sometida? pues, por qué no les hablaba con confianza? ¿Por qué los dejaba reposar en dulce sueño, para ella entregarse a su dolor, para llorar sin consuelo? ¿Por qué jamás comunicó a sus padres lo que pasaba por ella? ¿Sabéis por qué? Os lo diré, pues lo oí de sus propios labios:
No quiso que ellos llegaran a saber nada, porque amaba a los pobres; deseaba servir a Dios en aquella casa, y sabía que al hablar algo, no la dejarían pisar más sus puertas, y prefirió sufrir por algunos años en silencio, antes que quejarse a sus padres y dejar de ir al lugar de sus delicias.


Otros de los acontencimientos que evidencian el temple espiritual de la Madre María, es la muerte de su padre. Antes de morir pide a Dios le conceda la oportunidad, para que su padre reciba la extrema unción y contraiga matrimonio con su madre. Don Clemente accede a estos sacramentos. Laura, en respuesta a la gracia concedida por Dios, promete guardar ayuno perpetuo, el cual duró diez años, hasta que el Padre Vicente López se lo dispensó.

Nacimiento de la Congregación

El Padre Vicente López observó en Laura, la persona idónea para fundar una congregación religiosa y, el 22 de enero de 1901, funda con ella, la Congregación de las Hermanas de los Pobres de San Agustín. Asumen la regla de San Agustín y el hábito de Santa Rita.
Un año y medio después realiza, los votos perpetuos, día en el cual escribe:

«Día grande y de dulces recuerdos, trece de setiembre de 1903!!! ¡Mis santos Votos Perpetuos Públicos! Pues mucho ha, los había pronunciado en aquel apartado rinconcito de mi amada Iglesia Parroquial; hoy como en ese venturoso día soy muy feliz...».

Fundaciones

La obra realizada por la Madre María de San José no se puede ocultar. Varias fundaciones y la responsabilidades de otros institutos, nos presentan un vida cargada de responsabilidades y sacrificios. Entre las casas que organizó, después del Hospital «San José», se encuentrán:
Hospital «San Vicente» - La Victoria (1902); Hospital «Santo Domingo» - Villa de Cura (1902); Asilo «Inmaculada Concepción» - Maracay (1905); Hospital «Santa Ana» - Coro (1909); Hospital «Mercedes» - Calabozo (1910); Hospital «Pérez Carreño» - Ocumare del Tuy (1911); Asilo «Doctor Gualdrón» - Barquisimeto (1918); Hospital «Padre Cabrera» - Los Teques (1920); Hospital «San Agustín» - San Felipe (1927); Hospital «La Caridad» - Puerto Cabello (1934); Colegio «La Divina Pastora» - Caracas (1935); Hospital «Joaquina Rotondaro» - Tinaquillo (1937); Hospital «Acosta Ortiz» - San Fernando (1939); Hospital «Antonio Smith» - Coro (1940); Colegio «Inmaculada Concepción» - Maracay (1942); Asilo «Nuestra Señora de Coromoto» - Coro (1942); Instituto «Carmela Valera» - Maracaibo (1942); Hospital Antituberculoso «Próspero Reverend» - Maracay (1945); Escuela «Madre María» - Barquisimeto (1945); Ancianato «Doctor Beaujon» - Coro (1945); Casa Materna de «Nuestra Señora del Socorro» - Valencia (1946); Colegio «Nuestra Señora de las Victorias» - Nirgua (1947); Colegio «Nuestra Señora de Coromoto» - Maracaibo (1947); Colegio «Nuestra Señora de Coromoto» - Puerto Cabello (1947); Colegio Parroquial «Padre Frías» - Palmira (1948); Instituto «María Briceño» - Los Teques (1950); Patronato «Nuestra Señora de Guadalupe» - Coro (1951); Colegio «Nuestra Señora de Coromoto» - La Victoria (1952); Instituto «Nuestra Señora de Fátima» - Los Teques (1952); Colegio «Santa Rita» - Caracas (1954); Hospital «San Rafael» - Yolombó-Colombia (1955); Escuela «Santa Clara» - Choroní; Escuela «López Aveledo» - Tinaquillo (1956); Escuela «Madre María» - Maracay (1956); Escuela «Las Mercedes» - Maracay (1958); Albergue «Santa Eduvigis» - Valencia (1960).
En esta lista observamos la templaza de un mujer que tenía un objetivo claramente marcado: ser servidora de Dios por medio de los más necesitados. Un ejemplo de dedicación, abnegación, trabajo,...

Ultimos días y muerte

En 1960, después de aproximadamente 60 años como Madre General de la Orden, entrega el generalato a la Hermana Agueda Lourdes Sánchez. Estaba presente en esa oportunidad Monseñor José Alí Lebrú, en aquel momento, Obispo de Maracay, en la actualidad Cardenal-Arzobispo de Caracas. Su testimonio es el siguiente:

Su humildad resaltaba. Estuve presente cuando le correspondió entregar el gobierno de la congregación, después de 59 años. En mi condición de obispo de Maracay, presidí el Capítulo General de 1960. Yo participaba del interés de que su sucesión se hiciera estando viva la madre María, para evitar posibles futuras dificultades. Sus hijas querían que ella continuara en el cargo de superiora general, pero ella misma les hizo ver la conveniencia de nombrarle una sucesora; y, al ser electa la madre Agueda Lourdes Sánchez, la segunda superiora general, la primera en reconocerla fue la madre María y pedirle públicamente perdón por las faltas que en su humildad creía haber cometido en el desempeño de sus funciones. Recuerdo que el reverendo padre Carmelo Lerga, Agustino Recoleto que me acompañaba como delegado de su orden, dijo: 'Madre, no siga, porque aquí todos vamos a terminar llorando'. Desde que entregó el cargo de superiora general, la súbdita más dispuesta a cooperar y a guardar la obediencia fue la Madre María.
Tengo para mí que conocí un alma verdaderamente santa. Muchas veces tengo que confesar que cuanto recuerdo de ella es edificante y ejemplar.

En 1963 la Madre María sufre una trombosis. Ella estaba conciente que faltaba poco para su muerte y pidió se le concediera la posibilidad de que su cuerpo se enterrara en la capilla del Asilo Inmaculada Concepción. Entre otros detalles solicitó que la colocaran en la urna realizada por su hermano Octaviano por petición de ella. Qué colocaran la cruz de madera que tenía en su celda, junto con dos azucenas amarradas a ella con una cinta blanca y una rama de esparraguillo verde, en el momento de su entierro.
El 2 de abril de 1967, la Madre María de San José muere a causa de una bronconeumonía. Las últimas palabras que se recuerdan de ella nos demuestran su entrega total al plan de Dios:
«Yo soy toda de El, y si mequirere quitar este rayito de luz, no digo esto, todo loo que quiera, yo soy toda de el, y puede hacer conmigo lo que quiera».

Cuerpo incorrupto de la Beata Madre María de San José


© Copy right 1997 / 2007
VM Pérez Martínez
Concepto, diseño y producción
VM Pérez Martínez