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JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ
Quién nació el 26 de octubre de 1864, en Isnotú. Hijo de Josefa Antonia Cisneros y Benigno Antonio Hernández. Bautizado el 30 de enero de 1865 por el Pbro. Victoriano Briceño. Ese joven comprometido que siempre se destacó en los estudios, tanto, que se graduó con título de sobresaliente. Quien estudió en el exterior y regresó a su patria cargado de ciencia, para verterla con gran generosidad entre sus colegas, discípulos y pacientes.
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La Cartuja de Farnetta, en Italia, le abrió las puertas a José Gregorio, con el apoyo de Mons. Juan Bautista Castro, Arzobispo de Caracas. A su regreso a Venezuela vuelve a ejercer la medicina pero nunca abandona su deseo de dedicarse a Dios, lle-vando vida religiosa. Por eso el 7 de noviembre de 1913 embarca rumbo a Roma con la idea de ingresar al Colegio Pío Latino Americano, fundado por su santidad el Papa Pío IX, regentado por los padres de la Compañía de Jesús. Su salud se ve afectada por el inclemente frío y debe viajar a París, donde fue sometido a un tratamiento.
De regreso, nuevamente, a Venezuela vuelve a dedicarse a la práctica de la Medicina. Su forma de predicar era silenciosa, en todas sus actividades y con todas las personas que tenia trato de una u otra forma. Su presencia y actitudes eran altamente evangelizadoras.
Saber mucho sin negar a Dios; investigar y seguir siendo creyente, como fue José Gregorio, no es dado, sino a los que se sienten animados de una fortaleza de espíritu superior a toda sabiduría.
José Gregorio asentó su personalidad sobre la piedad, el estudio y la acción, llevando a la práctica las virtudes cristianas en grado heroico.
El 29 de junio de 1919, mientras conversaba con un amigo, este lo encontró particularmente contento y le preguntó:
«-¿Qué le pasa doctor? ¿Por qué está tan contento?
-¿Contento? ¡Se ha firmado el tratado de paz! ¡La paz en el mundo!
Sonríe y añade:
-Mire, le voy a hacer una confidencia: yo he ofrecido mi vida en holocausto a Dios por la paz del mundo.»
Después de esto lo van a buscar, para avisarle que una anciana lo necesita, pues se encuentra mal de salud, y como siempre, el acude al llamado. Ya de regreso cuando va a cruzar la calle no ve que viene un carro y es atropellado.
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