Calamidades en nombre de Dios, un tema muy importante entre los creyentes

Calamidades en nombre de Dios, un tema muy importante entre los creyentes

La Inquisición, o Santo Oficio, surgió como institución religiosa en el siglo III, cuando el emperador Constantino oficializa el cristianismo. En España, se establece alrededor de 1184, y un siglo después se le encomienda la función específica de sancionar y perseguir a quienes cometieran un supuesto acto de herejía.

Desde que se instaló fue una institución cruel y sanguinaria. En muchos casos fue usada sobre todo como un instrumento político para cimentar la autoridad de ciertos virreyes o deshacerse de algunos personajes que lograban fama y fortuna, y despojarlos de todos sus bienes en nombre de Dios.

Los juicios se sucedían unos a otros, todo era motivo para ser juzgado, y no hacían falta pruebas, con un simple rumor bastaba. Luego los verdugos mediante la tortura se encargaban de hacer “confesar” a los acusados; las torturas eran de tal salvajismo que terminaban por confesar o aceptar las culpas que los verdugos exigían.

El tribunal tenía influencia solo sobre los españoles, mestizos y esclavos. Para castigar las idolatrías y faltas de la población indígena, además de desterrar todo vestigio de la cultura nativa, se creó todo una maquinaria que recibió distintas denominaciones.

La tortura era el recurso principal para obtener confesiones. Se hacían ante la presencia de un sacerdote de la iglesia. Un verdugo público, siempre con la cara cubierta, hacía su trabajo dirigido por el inquisidor. La ferocidad del tormento estaba en proporción al delito que supuestamente se había cometido.

El elemento más inquietante del interrogatorio era el secreto total que lo envolvía. El acusado nunca se enteraba del nombre de los acusadores o de los testigos de cargo y a menudo tenían que hacer frente a un bombardeo de preguntas complejas de los inquisidores que se escudaban bajo su dios.

La tortura no tenía como finalidad matar al acusado. Al parecer pocas víctimas murieron al ser sometidas al tormento, y los casos de lesiones permanentes o pérdida de alguna extremidad eran relativamente raros.